lunes, 16 de septiembre de 2013

Pequeña historia tendiente a ilustrar los laberintos con espejos a los que nos enfrentamos en la vida...




Sucede que hace varios años atrás, cuando creías saber quien eras tomaste una decisión y emprendiste viaje por un camino lleno de baches, piedras y serpientes venenosas y jurabas de guata que podrías contra viento y marea. No fue así. Te tropezaste y caíste al fondo y, durante mucho tiempo creíste varias veces estar saliendo. ERROR: caías cada vez más y los caminos cada vez eran más oscuros y más inhóspitos. 



Durante un tiempo te viste a ti misma andar por distintos caminos simultáneamente sin saber cual entre todos esos reflejos eras tu. ¿Eras la del camino principal o eras aquella que intentaba hacer camino donde no los había? Eras la que no sabía donde ir, eras todas simultáneamente. Eras la principal, eras la accesoria, eras la de los caminos laterales; eras la de las rutas inexploradas. Fue un Aleph a la inversa. 



Finalmente todas ellas llegaron a un mismo punto del Universo y con todas las experiencias transcurridas volvieron a reunirse en un mismo cuerpo, listas para seguir.








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