sábado, 24 de agosto de 2013

Ouroboros.

Hay ciertas situaciones en las que el ser humano abraza las indeterminaciones para sobrevivir y es así como, me decía mi psiquiatra, afrontan la vida las mujeres de los detenidos desaparecidos: no son "viuda de", sino "la mujer de". Yo me cobijé mucho tiempo es esas indeterminaciones, en esa área gris con cientos de matices. No por no ser "ni chicha ni limoná", sino que porque lo necesitaba. Necesitaba encontrarme a mi misma.

Comencé la terapia con el psiquiatra el día de mi cumpleaños número veintitrés, en ese momento nací por segunda vez.



Trastorno de Ansiedad Generalizado con Crisis de Pánico

Conversaciones con terceros imparciales: "pareces eres una vieja mirando por la ventana esperando a La Muerte". Esa fue la frase definitiva. Me fui a Puerto Saavedra con mi familia. El mar, las olas, la sal, la incomunicación se llevaron aquella parte de mi que me impedía avanzar. Volví a la Universidad con otra mentalidad. La mentalidad ganadora, ya no tenía nada que perder.

Recuperé viejas amistades, hice otras tantas relaciones estériles que me ayudaron en ese breve proceso de liberación mental, de locura, de felicidad irracional, de luna de miel conmigo misma. ¡MARZO FUE LA LOCURA MISMA! Pero como le dije a mi psiquiatra al despedirme de él ese mes "voy a disfrutarme mientras pueda, porque esto no es para siempre".

Allí fue cuando los grises cambiantes destellaban y se intercalaban de un segundo a otro, y creía que eso me hacía feliz, que el descontrol y la alegría efervescente lo eran todo, que ese era el camino que debía seguir... Terminé agobiada por mis propios sentimientos, por mis propias reacciones químicas. "Me siento bien, incluso he bajado de tallas de ropa, pero me siento más gorda que nunca" (una estupidez irrelevante).

Otro Trastorno de Personalidad

El "Sí, pero...". La inconformidad con... La mente inquieta. El "si fue demasiado fácil está mal". El "Ok, estoy feliz pero, Universo... cuando me van a empezar a cagar las palomas?!"

He allí la razón de todos los caos mentales que optan por agobiarme de vez en cuando, he allí la razón de mi angustia, de mi insomnio de conciliación. Es producto de la raíz, de mi matriz, de mi crianza. Y cuando me preguntaste si tenías la culpa de lo que me pasaba ¿cómo iba a ser capaz de apuñalarte, de matarte en vida de semejante manera? Te mentí. Desvíe el tema. Te protegí otra vez. Porque podrás decir que soy egoísta, que los abandoné, que mi lejanía te hace daño ¿pero como voy a cargarte la espalda con esta mente que no se calla, con este ser inquieto que se busca a si mismo, con este ser que en un momento está bien pero al siguiente su mente le asfixia y quiere salir corriendo a sabiendas que no saca nada con esconderse? Porque mi peor enemigo soy yo misma.

¿Es correcto querer cambiar?

Descubrí que no. No puedo ni quiero cambiar quien soy, esta construcción defectuosa de veintitrés años no tiene intención de ser demolida. Porque la constante insurrección que habita en mi no ha hecho más que volverme cada vez fuerte. Me ha dado el poder de renacer de entre las cenizas. En la búsqueda de mi propia felicidad me he perdido, me he caído, me he equivocado, pero no he sido sino yo la que una y otra vez ha salido a flote ¿cómo voy a querer erradicar eso? ¿cómo me voy a exterminar? Hace poco entendí que lo principal es aceptarse a uno mismo, con las trancas, con esa mente que no se calla un segundo, con las imperfecciones, con ese poupurrí de intereses abuelísticos que me llenan. No estoy sola y Bach nos musicaliza los días.

Sigo en esa área gris, en la constante búsqueda de mi misma pero ya no quiero abrazar las indeterminaciones, porque me acepté. Creo que estoy a mitad de camino...






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